EMMANUEL·ARGENTNA

Cuando despiertes del sol
seca tu sangre en mi cuerpo
hasta que pueda cerrar el día.
No sabré lo que has dicho
y dormirás junto a mí
cuando la urbe te llame.
Complacida
ajena a todo y a todos
menos a mí.
Yo miraré las figuras anaranjadas
reflejadas en tu piel
desvanecerse hasta alcanzarte.
Te abrazaré más fuerte
antes de perder la luz
y pensaré qué bueno que hoy es hoy
y mañana no sé.
Se apagarán las vibraciones de mis huesos
el zumbido en mis oídos
y ese olor a vos
que de todas las cosas me llega.
Y dormiré esta mañana
dormiré con la alegría de tenerte ahora
sin pensar en despertar.
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