MILAGRO (por Zaira Dámaris Orozco Villatoro)
"la vida no la tenemos asegurada",
esa es una verdad que tenemos clara.
"la muerte nos besa y abraza en cada momento",
eso lo evitamos considerar cualquier tiempo.
Me veías fijamente con la brisa del amor
que guardan todas las flores en la primavera
impresa en la mirada -cristales luminosos-.
Escuchabas mis palabras, tan atentamente
que temía pronunciar opinión alguna
que ultrajara tu naturaleza pura.
Abrazabas mi cuerpo con la misma sinceridad
con la que cientos de brazos sobrevivieron
al holocausto y se cruzaron de nuevo.
Me tocabas con la misma tersedad, con igual ternura
que la sorpresa curiosa de admiración, de un pequeño
que se aproxima a su hermano recién llegado al mundo.
Besabas con la pasión y fuerza con que arremeten las olas
del océano pacífico; con la tersedad y calma del viento
susurrando entre las ramas de la ceiba.
Hablabas con todos los sentimientos en los labios,
con todas las sensaciones en la mirada,
con toda la emoción en la piel.
El tiempo, se nos volvió eterno, hora fija.
pensarte era lo mismo que verte o tenerte.
Pasado y futuro conjugados en presente.
El Eterno observa cada ir y venir creado
se apiada y compadece, reparte el tiempo
que guarda entre sus manos.

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