En Batalla - por Zaira Dámaris Orozco Villatoro






Te parece poco corazón, 
las tersas manos que en silencio 
cepillan entre dedos el alma
en absurdo y voraz consuelo.


Gritan, claman, lloran, arden y cantan.
Que caminen con tambores sonantes,
que la marcha fúnebre adorne el momento
cuando triunfante vuelve el rey de su tormento.


Caminan las gotas a eco de rocío,
se ahuyentan los cuerpos del alma
cuando las hormigas marchan de a poco
por los agujeros que acarician la rama.


Caminar es caer, errar en la batalla,
espantar codornices, contemplar el alba;
enfrentarse al salvaje de los diez mil ojos,
es colgarse al pecho: su corazón de oro.

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