No supongas - por Zaira Dámaris Orozco Villatoro

 Mamá me lo dejó claro desde muy pequeña:

No puedes obligar a NADIE a amarte.



Bajo la premisa, circulaban los días…

era infante, adolescente, joven…

aprendí a soltar las amistades,

a dejar de lado ilusiones románticas,

que la sangre no llama, 

que las heridas se sanan a solas

y la conmiseración no sirve de nada;

que la soledad es buena compañera,

que el NO ya se tiene en el bolsillo.



Mamá jamás condicionó mis relaciones, 

sin embargo siempre dio su punto de vista.



Siendo mujer, hija y hermana 

bajo la luz de la luna sangrante

Amé con amor correspondido 

Amé con amor carente, faltante.

Subí más allá de las estrellas 

donde los astros acariciaron me,

Bajé a lo más profundo del averno

demonios desangraban mi ser.



… Amé a intensidad desinteresada 

Pasé del amor al odio, 

del odio a la indiferencia, 

de la indiferencia a la compasión

de la compasión al desenfado

del desenfado a la costumbre

de la costumbre al adiós. 



Confirmé que: “aprender duele”

-y duele mucho- y de las relaciones:

que las almas solo dan lo que tienen,

que ninguno cambia mientras no quiere,

que la confianza es la puerta,

que el enemigo del amor 

se disfraza casi siempre de rutina 

y la agresión es por lo general:

del amor el perfecto asesino.



Aprendí que en el dolor se florece mejor,

que soy amor por todos mis poros,

que el cambio depende de mí

que las puertas se abren para todos

aunque se encuentren muros tras ellas

-y quepa el beneficio de la duda-,

que la vida es cruda -pero sabe dulce-,

que en lo más simple está lo más valioso

y que el amor ¡jamás es competencia!



No puedes obligar a NADIE a amarte.

ah… ¡Cuán bueno cuando llega!, cuando 

al confesarlo es paz y no tristeza lo que llena.

cuando sabes que tu corazón está seguro, 

y se siente libre, efervescente y vuela!

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