Carta de mi niña interior a mi Yo adulto - por Zaira Dámaris Orozco Villatoro
Hola, ¿cómo estás? … sabes me he dado cuenta que siempre intentas encontrarme, me buscas constantemente y procuras volver a mí… es lindo poder jugar contigo a veces, cuando no estás tan preocupada por el qué dirán, ni por las presiones del trabajo o por el miedo de intentar algo nuevo. Me gusta cuando vienes porque nos abrazamos. Sé que me amas, es lindo que me lo recuerdes con: canciones, con libros, con escritos y tiempo para mí, pero sabes…
Empiezo a pensar que buscarme empieza a ser más un escape que una remodelación de nosotras. Aún le tengo miedo a algunas cosas, lo confirmo cuando te paralizas en los momentos en que les encuentro; aún me siguen doliendo en el corazón algunos comentarios de las personas que amamos, te he visto llorando -desde adentro-; aún me sigo sintiendo pequeñita e incapaz de hacer las cosas que todos me dicen que puedo hacer. Es necesario que sepas que te necesito un poco más de lo que crees necesitarme –vienes a mí como un escape, un reencuentro- y no estamos haciendo ajustes a todo esto que tenemos.
Miedo, dolor e inseguridad, así me pasa cuando nos exponemos al borde de ese grande y alto abismo desde donde se ven las ciudades muy muy lejos (en el fondo). Es como un hueco, pero en el corazón, quiero que me enseñes a llenarlo, quiero ser: la niña valiente, con cicatrices que no sangran, con la confianza puesta ciento por ciento en ti.
Hay cosas que sé que no recuerdo -pero están porque las siento- (en verdad me gustaría tener memoria de esos momentos, es más fácil encontrar solución a lo que se conoce), por favor enséñame el camino para ver las cosas en blanco y negro – entiendo que la vida es como es y no tiene por qué hacerme daño- no quiero que lo que me rodee decida si me lastima, prefiero que tu elijas a qué le das permiso de doler. Escucho lo de afuera de mí, de ti, de nosotras; me armo fantasmas, entonces: me escondo, me guardo en esa cuevita bajo la cama, en esas casitas de muñecas que me gusta armar con cajas de zapatos y en las muñecas que viven una vida muy diferente a la que creo vivir.
No quiero esconderme, quiero asomar la cabeza verte fuerte frente a mis temores y ver de cerca lo que pasa –aunque me asome primero un poco-, aunque me abraces en la marcha, me sujetes de la mano o me lleves en brazos… pero contigo. No quiero estar sola, oculta, lejos de ti, ¡te prometo que me portaré bien si me llevas a todos lados! me sorprenderé contigo en cada nuevo descubrimiento, acariciaremos las nubes viéndolas con feliz agradecimiento, soltaré las más tiernas y divertidas sonrisas cuando estés contenta y si lloras te recordaré que no estás sola.
Anda, déjame acompañarte en todo momento, abrázame, enséñame ¡aprendo muy rápido!, ¡vamos juega conmigo!
Te quiero, te amo, te extraño.
Comentarios
Publicar un comentario
ENTRE TU JUGO DE SESOS, ESCURRE LO NECESARIO PARA MANTENER CON VIDA ÉSTE ESPACIO...