Carta de mi Yo adulto a mi niña interior - por Zaira Dámaris Orozco Villatoro

 Cariño mío, mi amor 


Tantas veces he escuchado tu voz sin entender tus palabras, tantas veces me he dado el tiempo

 –pensando que es para ti- cuando en realidad estoy escapando de mi misma… 


¿Cuántas veces te he dedicado ese dulce, ese abrazo, ese atardecer sin darme cuenta que lo hacía de una forma esquiva y egoísta? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que no te dejo ganar? ¿Cúanto desde que no me permito dejarte en libertad, dejarte ser? 


Incontables son las veces en las que me he paralizado por no querer ser valiente para no hacerme daño, sin darme cuenta que a la única que lastimaba en lo más profundo era a ti. 


¿Sabes? Me había resistido mucho a escribirte, no entendía como podria encontrar las palabras precisas y buscaba por todos los medios  esquivar las emociones. Como fuera, sé que no quería encarar este momento … y es que esto de reconocer que vengo haciendo mal las cosas contigo, que todo parece solo una pantalla, una máscara una fantasía, una visión. 


Hoy en particular, me duele el alma… supongo que necesitaba de un momento así y es que suelo cometer el error de escuchar las voces de afuera y apagar la tuya, suelo cometer el error de exigirnos más allá de nuestros propios límites y sabotearnos después … cansado trabajo es aquello, además pesa, duele, lo grito por dentro y tú que escuchas el llanto desgarrador de mis adentros sufres en silencio, un silencio hondo y hueco. 


Ahí en el pronfundo que me encuentro por dentro, dibujo en el rostro externo una mirada tierna y una sonrisa dulce, que se derrama junto con palabras de aliento para todos los que me rodean (menos a ti, a quien observo de lejos) ¡Palabras arcoíris para todos! Al fin y al cabo Yo invo, qué más da si no se dan cuenta que en mi egoísmo les repito aquello de lo que intento convencerme una y otra vez. 


Y es curioso, pareciera como si mucha gente estuvieran alrededor, muchas buenas personas con la disponibilidad de dar y hacer las mejores cosas por y para mí... Sabemos que no, pero es que me encanta negarlo, disfrazar esa realidad aunque lo sepa. Estamos solamente tú y yo princesa - como al principio, desde siempre-


Si, si, si, es verdad... hay amigos en el camino, esos precisamente que consideras más cercanos son a los que últimamente menos frecuento, con los que menos hablo y  están tan en su mundo - ¿y quién no? Es lo mínimo esperado para cualquier persona normal- entonces me invento las excusas para evitarles con ese sentir que incomodo, que invado. 


La familia te ama y te deja libre – aparentemente- para volar y caer… el juicio pesa, pesa y duele; a veces las palabras hieren; a veces pareciera que ellos esperan tanto y yo tengo tan poco... las familias tienen que doler a veces, las otras... juego a que me vale madres. 


¿Del amor? … Sospecho que no se de eso ¡Eso de amar nos incluye y no te he sabido cuidar, no te he sabido defender… porque implica marcar los límites que  no he aprendido a poner (cosa que debería hacer sin dudar), ni he aprendido a mandar a la mierda a la gente en el primer abuso o al trato que te lastima. Me suelo aferrar estúpidamente a permanecer en un sitio donde nada se deja claro, donde me invento historias eternas- al fin de cuentas eso de no tenerlo claro debería ser suficiente, pues en las cosas del amor no hay matices-… 


¡Tantos años!  ¡Tantos! carga al hombro y esa pesada punzada de cada daga clavada en la espalda y de frente contra pecho. Yo ahí desangrando, viéndote sufrir, permaneciendo… ¿Qué hago en el lugar donde me están haciendo tanto daño? ¿Qué hago en el sitio donde me dejan de lado, donde apagan mi luz y me lastiman! 


Odio la manipulación y odio ser tan predecible… odio ser tan sensible a todo y a todos, menos a ti ¡Debería ser sensible a ti!, que eres la única que realmente debería importarme y a quien menos doy su lugar y peso. 


¡Perdóname! Perdóname por no saber ser la mujer que necesitas, por dejarte de lado, por reservar para ti casi siempre el último lugar, por usarte de excusa, por no aprender a lidiar conmigo… 


Tantas veces me has gritado desde el fondo: ¡No lo hagas! ¡Me duele! ¡Me lastimas! ¡Ya no quiero! ... y como si ese grito no fuera más que el susurro del viento dejo pasar tu voz y arremeto de golpe contra tuya, contra nosotras, contra todo por la felicidad de cualquiera, menos la nuestra…


Estoy cansada… estoy harta de equivocarme contigo, de lastimarte y causarte tanto dolor, estoy cansada de no haber aprendido a trabajar sobre tus miedos, del evadir poder curarte, de fingir que te abrazo cuando en realidad te doy la espalda. 


Pequeña mía, mi amor… mi perfecta y última parte de mí, mi esencia, mi sueño, mi alma, cariño … es que te mereces lo mejor y lo más dulce, lo más sublime y lo más bueno… déjame abrazarte esencia mía, corazón mío y sanar tus heridas, limpiar tu suelo y sacudir tus escamas. Déjame bañarte en aceite, renovarte, vendarte y perfumarte... ¡Vestirte en ropas nuevas!


Dame la oportunidad de volver a ti, de amarte, de que sea tu voz sacudiendo mis entrañas, tu alegría revolviendo a mi corazón, y tus sueños inundándome las ideas, déjame volver a ti, volver, volar, amarte … renunciar a éste presente hastiado que me invento.


Quiero darte eso que mereces ¡no menos! ¡Sin negociaciones! sin venderte como esclava de por medio - no quiero pagar más tan alto precio-, quiero ser la guerrera imparable que luche contra todo por tu paz, por tu bien, por tu felicidad …Estamos solas, ¡déjame ser tu guardia! Pongamos un alto a todo lo que nos mata, a todo lo que nos mengua, a todo lo que nos lleva lejos de nuestra esencia… nada tenemos corazón mío, nada perderemos. 


Me viste el miedo, no lo niego… veo oscuridad alrededor y siento hielo... pero estoy dispuesta a permanecer firme por ti, por el propósito que nos guía, por lo que resultará al final para los demás consecuencia de tu resguardo seguro y el aprendizaje que será para nosotras. Te ayudaré a crecer, a madurar a ser la mujer fuerte que siempre he querido ser, lo haremos juntas, tú serás la guerreea imparable y yo me volveré sabia, nos moveremos con pasión por la vida, ¡seremos invencibles! .  


Te prometo mi niña que me esforzaré cada día por ti y por tu bienestar, pondré de mi parte para construir el mundo que mereces, una sola cosa te pido: ayúdame a recordarlo cuando baje la guardia, cuando pierda la brújula prometo estar atenta a tu voz… ahí, aquí … contigo, conmigo.


Te amaré y Sanaré siempre

Comentarios

Entradas populares de este blog

Te quiero sin mirar atrás - Mario Benedetti

Canto a Chiapas - Enoch Cancino Casahonda

VERSOS PATRIOS / RODULFO FIGUEROA