DE CANCIONES Y VISIONES (por Zaira Dámaris Orozco Villatoro)





En un remolino de luz que defiende
a un corazón -ojo del huracán- de las tinieblas,
se muestran en batalla eterna:  
un ejército de miles de millares de alas blancas
que con saetas, espadas, voces, ecos y tiempo
resguardan el tesoro preciado;  
Alrededor revolotean las fieras,
gárgolas que aletean una vez tras otra
tratando de vencer la barrera,
monstruos que se aproximan,  
casi tocando el fresco palpitante.


Al tiempo justo, los defensores
les expulsan o les parte por mitades.
Flotando está el corazón,
en su interior el espíritu blanco
de rostro conocido, sostiene
entre sus manos una verdad.
A ojos cerrados entre voces de susurros
repite el canto una vez tras otra
al tiempo en que eleva el preciado
hacia lo más alto del universo.
Los cielos se abren, las estrellas se enfilan,
la luz lo llena todo, como en una especie de nube.


El centro  de la turbulencia se abre
para dar paso al poder de lo blanco,
más de un espectro insensato
busca tener cabida en el interior del cono,
se arremeten intentando alcanzar al músculo arrítmico,
mas su protector abre los ojos,
muestra que la luz nace también
desde la raíz central del protegido.
Son luz con el universo y en potencia inimaginable  
magnética se buscan, se encuentran, se complementan.


Quemando todo a su paso,
en la mitad del camino se unen.
La energía se desborda por entre las plumas
y cuando toda junta  se encuentra,  
se conduce en un segundo, hacia el protegido.  

Hay luz, hay victoria.

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