PUES ÉL ES EL QUE ABRE Y CIERRA LAS HERIDAS (por Zaira Dámaris Orozco Villatoro)






Me formuló desde el principio como algo especial, antes de que el tiempo fuere tiempo y los hombres de barro.

Llevo el sentimiento en la piel, las frases en el alma, la mirada en el corazón y la mente  sobrepuesta.

Borró mis recuerdos para que reencontrara mi camino, colocó a las personas precisas en el momento indicado.

El silencio se apodera de la nada. En los momentos de ausencia, pienso y repaso los sucesos; apenas comienzo a entreabrir los ojos –los otros ojos-, él lo sabe, me hace caminar lento: paso a paso, sentimiento a sentimiento.

Dueles. Ahora sangra el recuerdo, que por bien no puede ser solo eso.

Ha permitido que yo crezca, logrado que mis alas se extiendan, aprender de la humanidad. Aunque sé lo que debe ser y camine hacia donde tenga, aún, por el momento me sostengo con la razón ocupada, para no enredarme buscando.

Simplemente, él conoce lo que ansía que sepa, no cuestionaré sus movimientos; solo quiero lograr ver los motivos a la puerta de mis faces, en el momento preciso para poder discernir.




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