EL COMÚN DE LOS OPUESTOS (por Zaira Dámaris Orozco Villatoro)
La casa que soñaste
se derrumbó en un vientre muerto,
coágulo de realidades
destripado en todos sus miembros.
Cual sombra monstruosa
el punto cumbre de la ausencia
-que no tiene nunca falta en la lista-
conducida a mi lado aún en el contacto de pieles.
Ojos perfumados de infinito cristal,
húmedo cristal herido, alma desconfiada,
hecha trizas, materia inestable que encañona
con mano firme el arma de plata,
sobre las sienes y marañas
cuando grito arremolinada en la sorpresa
de haber perdido la identidad
al abrir los labios para devastarme.
-Y pido perdón a mi alma por desear con toda ella,
que pagues con creces las tinieblas que me diste-.

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