SAMUEL (por Zaira Dámaris Orozco Villatoro)
Hay mujeres que desean sentir en el vientre el dulce rose de un hijo…
y mujeres que arrancan de tajo la mancha carmesí de sus entrañas.
En la embriaguez del dolor, lloran las no vírgenes
aferrándose al deseo sacrificado, de llenar su manto.
En el templo las voces, los murmullos corretean,
lejos del camino de la alianza se plantan los sacerdotes;
ya no se lee entre movimientos, no se entiende al verbo,
los cielos determinan las siguientes andanzas,
obediencia, decisión, ojos de hombre…elección errada.
Selecto ha sido el guía, de entre la fruta madura,
mordido en cueva de osos, probado en tierra de hierro,
rey primero, punto de partida al sepulcro con rostro de obediencia
para arrancar el pasado de raíz, al tiempo en que la piel se escama de recuerdos,
que penetran constantes cortando la cabeza con espada, desmembrando alas,
aventando lejos los restos; cuando la nube de mortandad nos recorre entre el lecho,
los sueños, las cosechas, el pueblo entero, reino de pasado oscuro,
de luz parpadeante incandescente, flama efímera; ciudad de guerras falsas,
de vainas de espadas desenfundadas que atraviesan pieles quemadas,
de llagas nacientes en pies calcinados con vidrios enterrados,
manchas, huellas escurridas en camas, pieles, telas, arañas.

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