SAMUEL II (por Zaira Dámaris Orozco Villatoro)




Los santuarios se visten de holocaustos: ofrecimientos de gratitud y llanto
mas en el fondo de las piedras, en el tiempo deseado
el llanto  balbuceante –vestido de útero y pechos-
firma tregua con lo fértil pidiendo a gritos: la linaje que otras tiran,
cuna que mecer, sangre retenida, vasija llena;
pacto de aire y de memoria, de lágrimas sabor a encanto.

Por sentir su vientre fijo, ofrenda el sacrificio:
devuelto será al recinto, en tiempo y forma cumplidos
en gratitud de señora los restos de su alojado
dedicando así la vida que verá en si misma gloria.


Se abren los cirros entre llamas de sol, bañando el campo de batalla
en donde la ordenanza deja firme la tarea:
arrancar de tajo lo que fuera, sin considerar a bien propio
por los ojos térreos las ventajas de las mieles que las  carnes puedan dar.

Corona de oro puro, carbón pulido a diamante avanza con paso firme
a la tierra recorrida; fijo la vista al oficio,  que se tuerce al ver brillo
de los  que no hicieron morir, dividiendo así el entero,
salvaguardando para auto beneficio lo mejor del bovino,
del que se reserva anticipado grumos de victimas sombras
que en oraciones, flamas y fracciones
calmarán  la probable furia por desvío de norma.

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