DULCE DONCELLA -por Zaira Dámaris Orozco Villatoro
Mujercita de ojos pequeños, de pies descalzos, de sonrisa fatigada…
qué dulce, qué tierna cuando duermes entre las sábanas ralladas de colores,
en el momento justo en que las sombras decoran tu cama;
Cuan inocente y verdaderamente franca tu rostro te muestra en las madrugadas,
cuando por errores el insomnio te levanta;
¿Cuántas noches has llorado? No lo sé, ya no quiero recordarlo…
el camino que tornabas violeta intensificado,
se nos ha desfigurado en un amarillo pálido.
En el sendero de la serenidad, lejos del desprendimiento,
a un costado de los celos cultivaste la flor de un mal presente,
la regabas con desaires, con encuentros equívocos…
estar o no estar, sólo eso nos funciona…
mustio, gris, apagado quedó nuestro suelo
y el fruto microscópico que degustamos en la cosecha,
dejó un sabor amargo que aún no se limpia.
Permaneces a mi lado silenciosamente bendita,
de pies enraizados con los hombros rectos,
con la mirada fija, con un temblor de volcán en los labios,
con un corazón taquicardiaco,
con esponjas que absorben el aire despacio
y por tus venas finos granos de vidrio danzando;
te encuentras segura o muerta…
desde el principio no logro identificarlo; te tomo, te giro,
te veo desde otro lado, te arranco los ojos para ver desde los tuyos,
en tu interior ,en tu pasado ,en mi presente,
más la única pista, el único hecho como una mancha invade tus adentros,
mutando constantemente,
viajando entre tus entrañas,
por tus extremidades hacia tu cabello,
detrás de las ojeras…
¡amputarte vida mía?, ¡no lo quiero!

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