HELADO DE PRIMAVERA (por Zaira Dámaris Orozco Villatoro)
En la faena gloriosa del disfrutar cada mañana, con el tiempo basto, que incesante trascurre en esta distancia profunda entre los cuerpos nuestros, vienen a mi memoria, los rastros de los hechos que nos conformaron a este presente austero. En mi corazón de alas y cedro, por saberte de nuevo cultivé una boca fresca y limpia, voz de luz para mojarte; fui para ti mi ser excelso, sonrisa abierta, libro expuesto, noche a-temporal, sueños caídos, ave de invierno. Dime -dulce aurora de mi vida-, en ésta cálida noche: ¿Cuántas lunas pasaron sin sentirse nuestras almas?, ¿Cuántas voces se ahogaron –suicidas- en el río?, ¿Cuánto tacto sin contacto en el momento requerido?. Como a la muerte, a conciencia y sin desearle veo la naturaleza del ser: transformarse en flor que vuela, iniciar la migración, romper puertas, levantar la casa nueva; y en la era que se acerca –intermitente apaciguada- triste, peregri...