DANZA -por Zaira Dámaris Orozco Villatoro
"quizá no era yo, el parte-aguas para su vida, quizá era él... lo que haría la diferencia en la mía." En la mañana siguiente, del penúltimo cumpleaños bañaron de sangre las dudas, los pabellones y almohadas lloraban las horas lentas, congeladas en el olvido. A otro día cualquiera, con el sol a medio camino la burguesía avanzaba, caminando a pasos finos, acelerados murmureos, hablaban de:fiesta, baile, cena de máscaras y trajes adornados elegantes, en el salón principal, la noche de: "El paso de los elefantes". Caretas bañadas en oro, con pedrería adornadas, la mesa de bocadillos, rodeada de manos largas, la boca del bodeguero enardecida por llamas. A la hora de la danza, a las 12 campanadas, escaparon de la mano, cuatro ruidosas pisadas... subieron a la celda, de la torre -la más alta-. Fue puñal en mano al asecho -en la última jornada- cuando encontró en la confianza, el motivo de su arma. Y fueron de nueva cuenta, tremendos ojos a...