DÉJAME ENTRAR...

Es soledad que lo inunda todo,
decadente, que desgasta…
que llena de vacíos el corazón,
que amarga las esperanzas.
Es soledad completa,
que debe ser eliminada.
Soledad soberbia, soledad de altura;
pues sabiéndose en sí,
no se salvaría con quien fuera,
no se perdería con cualquiera,
no se engañaría con quien sea.
Es soledad que no quiere ser hallada,
soledad que sabe el nivel de aquel
por quién ser descubierta, encontrada.
Tramposa, que se enmascara,
que susurra entre letras
que se arma y desarma,
planea, acomoda, ejecuta
bajo la piel que le cubre.
Soledad que no te busca
que te espera y se engalana.
Soledad que se amarra a la cama,
al tibio de la madrugada,
al poco aire que se respira,
al silencio de la casa,
a las charlas intramuros,
soliloquios sin esperanza.



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