DÍA 5 _ 24/ Agosto/ 2013

Amanecer al timbrar de un despertador
El celular programado que anuncia
Mi inconformidad por asistir a la villa.
Despierto a la voz de mis segundos padres
Para apagar ese chirrido extraño y constante.
Acicalarme es lo segundo,
En medio del desenrede es cuando el baño
Se irrumpe para ser usado.

Platico con él, la madrugada ha sido pesada
Mi tiempo de desvelo permitió
De toda manera posible
Que mi cuerpo fuera piedra
En el tiempo justo de la urgencia.

Veo al reflejo de mi madre recostada en la cama,
Con todo el amor desbordante hacia sus hijos…
Con esa cualidad de madre, del no querer ser carga.

Veo el amor de un esposo en el desayuno matutino,
En las carreras a la farmacia, en su constante permanencia.

(Aún no logro definir si el insomnio era de verdad
Por tener a mis padres en el recuerdo,
O por la asistencia a la villa
Que había negado desde aquella lectura.)

Veo la inmadurez de un trío que no concibe
La magnitud de la situación
A quienes no vi –pues dormía- bañados en preocupación
¿Quién soy yo para juzgar su causa?
Si fui quien permaneció en el sueño.

Mi voz tuvo el valor para hablar en oración
No se que le pasa a mis labios que tiemblan
Ante la presencia de otros,
Dios conoce mi corazón y las palabras que se ahogan
En intimidad las cosas son siempre distintas
La lengua fluye.
Recordamos con “Santiago” que la oración
Sana cualquier enfermedad.
Recordamos que la sanidad es regalo
De nuestro señor que habita
Poderosamente eterno.
Mi corazón conoce la verdad,
Su cuerpo es sano, aunque otras bocas
Declaren suposiciones,
La mía declara verdad
Sanidad hay en tu cuerpo
Salud eternamente en tu vida.


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