EL "DAR" EN MEDIA NARANJA

Mi abuelo tenía un método muy bueno para enseñarnos a compartir: Tomaba una naranja grande, la pelaba y partía en dos piezas, una  de ellas evidentemente más pequeña que la otra; nos colocaba a los nietos en pares de edades disparejas, comúnmente solía hacer la pregunta con la naranja en mano:



-¿Cuál de las dos piezas quieres para ti?


Evidentemente la naturaleza del ser humano dominaba, la pieza solicitada siempre, al principio, era la de mayor tamaño, misma que al acto, terminaba en las manos de la otra persona.


-¡que truco tan sucio! …


Pero por supuesto que el niño aprende a resolver problemas, la solución más evidente para evitar tales condiciones incómodas de perder lo que por decisión y elección correspondía, saltaban a golpe de egoísmo. Era cuestión de tiempo esperar a que la pregunta fuere hecha de nuevo:


-¿Cuál de las dos piezas quieres para ti?


Por sobre entendido, de que al responder se obtendría exactamente lo contrario, la voz del egoísmo hablaba de nuevo, era entonces, la pieza más pequeña aquella por la que se optaba y a razón de tiempo breve, terminaba entre las manos.


-¡Qué clase de trampa es?


El abuelo es sabio, nos supo enseñar desde ambos extremos desde aquel que tiene la capacidad de elegir, hasta ese a quien se le restringe el derecho, tan era así, que al llegar el tiempo de  la pregunta:

-¿Cuál de las dos piezas quieres para ti?


La respuesta, era a conciencia de saber que podrías tener siempre entre tus manos lo menos a deseo de tener lo más, entonces solía cambiar el procedimiento para responder,era común ceder el poder de decisión a la voz del otro, quien solía anunciar la voluntad de conservar lo mayor. Se dibujaba pues una sonrisa maquiavélica de evidente triunfo y entonces… el abuelo le entregaba al otro, la pieza que pedía.


Cuando aprendimos que el valor del dar radicaba en entregar de corazón lo que deseas sin egoísmo, sin afán de aprovecharte y con la disposición de permitir que el otro decidiera, entonces, el abuelo tomaba una naranja grande, la pelaba, la  partía en dos piezas, y la entregaba completa a cada uno de los pares, que solían terminar compartiendo ambas piezas.




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