SI TAN SIQUIERA TUVIERES UN NOMBRE

La casa está más vacía que siempre,
doy vueltas por toda ella
desprendiéndome una a una de mis prendas.
Desnuda entre ecos musicales
recorro la casa acariciando muros,
cerrando los ojos,
arañando con ellos el techo,
sollozando en mis adentros
mientras pienso
-en tono bajo dentro
de mi espectro-,
que la única vez que existió
hecho satisfecho,
hubo un complemento
que aún es ajeno al cuerpo.


¿Qué esperanza habrá de colgarse?
si en la repisa no se acomodan
la línea de juguetes que compré,
ni entre los zapatos encuentro
esa otra pieza para completar el par,
si el compañero que tengo  
ladra en lugar de hablar.


Me encuentro
en la oscura habitación
con la puerta abierta,
de pie frente al espejo
y observo detenida
de pies a cabeza:
la silueta divina
que entre luces y sombras
modela mi cuerpo.
Seriedad que le desborda
que se aprende, que se estudia,
que se ama en sus contrastes.
Al tiempo exacto en que
la música se termina
y las prendas rondan por la casa
y el silencio me domina
y mi alma, te llama.





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