¿ALGUIEN PIDIÓ UN AUTISTA? (por Zaira Dámaris Orozco villatoro)





En ni una sola familia, al menos de ésta cultura, he sabido que esperen con ansias la llegada de un bebé con deficiencia –y al decir deficiencia, me refiero precisamente a lo que se significa: el tener algún defecto o que no alcance el desarrollo que se considera normal-. Es la realidad, como padre, como hermano, como abuelo o tío; lo primero que esperas es un niño sano y saludable.


Conozco a personas que al conocer mi situación -el tener un hermano con Autismo- me han dicho: “esos niños son una bendición” -poco saben los que no tienen uno en su familia, eso es lo que yo creo-, ¿sería bueno entonces desearles muchas bendiciones como ésta en su vida? Cuando se los comento se congelan, en realidad nadie quiere; pero esto no se trata de querer o no, se trata de lo que es; es una realidad y está contigo, entonces ¿Qué se hace? Aceptarlo y salir adelante, no hay más; pero ese paso tan importante en ocasiones, como en la mía tarda muchos años en presentarse.

Aceptarlo es un gran logro, se puede reconocer que existe –pero la asimilación es dolorosa-, en mi caso me he mostrado ausente por varios años, entender lo que pasa mi hermano (autista, primogénito varón y segundo hermano de tres hijos), la manera en que conciben mis padres su problema y en cómo reacciona mi hermano (el menor) ante el hecho; no es lo mismo que aceptarlo, saber superficialmente de lo que se trata el síndrome y no participar en el sistema de enseñanza aprendizaje es contradictorio.

Recibir a un nuevo hermano cuando ya tienes un mundo pintado es complejo, darte cuenta –a los cinco años o menos- de las diferencias de conducta con respecto a los otros tres primos que nacieron más o menos en las mismas fechas es revelador; ¿Porqué mi hermano es muy quieto?, ¿Por qué no sonríe tanto?, ¿Por qué se la pasa dormido? Esas eran mis preguntas, pero no había respuestas. A esa edad, en realidad no recuerdo que me hayan dicho “Zaira, tienes un hermano autista”, de hecho nadie sabía lo que era en ese momento. Lo que estaba muy claro era que por negligencia médica mi hermano padecía de una lesión cerebral, por falta de oxigenación al cerebro –claro que tampoco eso me lo dijeron-, sabía que mi hermano era diferente, que estaba , pero no tenía claro el qué, o porqué.

(aprox abril-mayo 2010)

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