Del amor al odio personal - por Zaira Dámaris Orozco Villatoro

 Me ha tocado leer una serie de frases escritas para personas que se aman

o para esas que están en proceso de aprender a amarse:
las personas que se aman saben poner límites,
las personas que se aman conocen su valor,
las personas que se aman reconocen sus emociones y sentimientos,
las personas que se aman saben que su preferencia sexual,
raza, credo o ideología no las hace menos;
las personas que se aman saben que está bien estar mal,
las personas que se aman disfrutan su propia compañía,
las personas que se aman saben edificarse, crecer y reconstruirse,
las personas que se aman aprenden a tomar conciencia de sus procesos,
las personas que se aman, saben amar a los demás sin juicios
Pará con las decisiones y prioridades de cada cual .
Es curioso –nunca dejamos de aprender- vamos por el camino amándonos,
buscando y rebuscando mil y un formas de hacerlo:
sobrevivir, sobrellevar, superar, levantar, abrir senda,
guerrear, sacar la casta, los dientes, las uñas si es necesario.
El crecimiento no se detiene, como el tiempo que nos atropella
(o los sueños) que se nos escurre entre las manos.
En éste mundo crudo y complejo que nos desgarra las pieles somos:
flores de pétalos palpitantes que nacen y renacen:
ave fénix -entre las llamas que somos- una vez tras otra
cuando elegimos morir acariciando nuestro límite.
¿Me pregunto… qué pasa con aquellos que no se aman demasiado?
¿Qué pasa con todas esas ocasiones en las que elegí no amarme?...
¿Si no me amé suficiente, había algo dentro de mí empujando a odiarme?
¿Cuánto tiene que odiarse uno mismo para permitirse volver
a caminar por el mismo sitio donde fue el lloro y crujir de dientes?
¿Cuánto como para abrir las heridas y rasgar más profundo, más adentro?
¿Cuánto como para considerar la idea de que vale la pena volver a sufrir?
Lo que no se aprende se repite hasta entender la lección
“Hay personas/situaciones que son puentes” –ya me lo decía mi padre-
“que nos sirven para aprender, crecer y fortalecernos… no más”
y aun así – de igual forma- todo de lo que huimos sin resolver se repite.

Sin escapadas. Resolver, es el camino hacia la libertad
usar el principio de Verdad: Lo que es… ¡es!
y no es lo que “es” lo que me define, sino lo que elijo hacer con ello.
En cada decisión y en cada paso: ¿Elijo amarme u odiarme?

En cualquiera de los casos, saber reconocerme me fortalece:
mi corazón, mis valores, mis impulsos, mis emociones en cada decisión,
saber de mis alcances… qué y hasta dónde soy capaz de llegar,
tener la certeza de que hice, hago y deseo seguir haciendo todo,
viviendo todo, entregando todo con la pasión de mil soles.

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